La Planificación Urbanística Española hasta la Ley del Suelo de 1956

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La entrada de hoy es muy especial, dejamos a un lado los aspectos técnicos y a parte el escritor no es Arquitecto técnico, os presento a Francisco Albero Ruiz (Valencia, 1990) licenciado en Geografía por la Universitat de València (2008-2013). Geógrafo de vocación y ojalá algún día de profesión.

Desde la lejanía se tiende a ver la geografía como la materia que estudia la localización de ríos, montañas, capitales etc. Si bien el conocimiento del territorio es la base fundamental de su trabajo, la geografía va mucho más allá, siendo la disciplina que interrelaciona las ciencias naturales y las ciencias sociales, siendo el geógrafo el profesional que no solo mejor conoce el territorio, sino el que mejor lo interpreta.
Para ello, utiliza diferentes herramientas que están en constante evolución como la cartografía, la teledetección o los sistemas de información geográfica. De este modo, el geógrafo es un profesional polifacético con una visión exclusiva del territorio.

Aquí os dejo la primera parte de una serie de textos en los que se muestra un resumen de la evolución de la normativa urbanística española hasta la actualidad para finalizar con la burbuja especulativa inmobiliaria.
No se diga más, dejemos paso a esta entrada tan especial.

Para el heterogéneo Idelfonso Cerdá el urbanismo era el “conjunto de conocimientos, principios, doctrinas y reglas, encaminadas a enseñar de qué manera debe estar ordenado todo agrupamiento de edificios, a fin de que responda a su objeto que se reduce a que sus moradores puedan vivir cómodamente y puedan prestarse recíprocos servicios, contribuyendo así al común bienestar”. Era 1867 y, por primera vez en la corta historia del urbanismo español, se le dota de contenido a la disciplina urbanística.

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Por aquel entonces, las escasas actividades urbanísticas derivaban de leyes de ensanche, de reformas interiores o de saneamiento de los espacios urbanos. No fue hasta la década de los 50 del s.XX, con la Ley sobre Régimen del suelo y Ordenación Urbana de 1956, cuando se redacta por primera vez un solo texto legal que sistematiza la regulación del proceso de expansión urbana. Una ley inaudita en la dictadura franquista por la concepción social del planeamiento y de la propiedad y su adecuación al patrón europeo. A partir de este momento se considera el urbanismo como una función pública, donde el planeamiento se convierte en una actividad regulada y en una obligación para los ayuntamientos. Esta Ley pretendía romper con el tradicional derecho de propiedad, que en la actividad urbanística española iba ligado al derecho de edificar.
Los Planes Generales originarios de dicha Ley clasificaban el suelo en urbano (suelo ya construido o urbanizado), de reserva urbana (aplazado para su posterior urbanización) y rústico (preservado de la urbanización). Frecuentemente, desde diversos ámbitos, se suele confundir la clasificación con la calificación del suelo. La clasificación del suelo establece el régimen jurídico del suelo y define la aptitud de los terrenos para la edificación y la urbanización. Al mismo tiempo, cada clase de suelo se subdivide en diferentes calificaciones del suelo, que perfilan los usos, las intensidades de ese uso y las tipologías de edificación.

Hecho el inciso, y continuando con la Ley del Suelo de 1956, comentar que la ejecución del planeamiento con dicha ley se permitía realizar a través de tres sistemas de actuación: expropiación, compensación y cooperación. En la práctica, se optaba por el sistema insólito en España de compensación, convirtiendo al propietario en protagonista absoluto en el proceso de desarrollo del suelo de reserva urbana, posteriormente conocido como urbanizable.

Este fenómeno se producía por dos principales motivos, por un lado, porque los ayuntamientos no disponían de los recursos económicos y/o financieros para la expropiación y por otro, por la previa revalorización urbanística del terreno al clasificarlo como urbanizable. Esta circunstancia provocaba una retención del suelo por parte de los propietarios, pues explotaban su terreno a la espera de recibir una oferta económica mejor para urbanizar en una actitud claramente especulativa. Asimismo, esto derivó en una obstrucción del proceso de urbanización, donde el suelo urbanizable apenas se urbanizaba y al ser limitado su precio era elevado. Como consecuencia se produjo una pérdida de confianza en el planeamiento, un intensificación de la edificación en el suelo urbano y una construcción masiva en suelo rústico. De este modo, la Ley del suelo de 1956 fracasó y apenas se aplicó, en gran parte por la falta de tradición en desarrollar y ejecutar un Plan Urbanístico cumpliendo una normativa, reemplazándose los planes por operaciones urbanísticas coyunturales.

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2 comentarios sobre “La Planificación Urbanística Española hasta la Ley del Suelo de 1956

    […] el éxito de la primera parte de la síntesis de la planificación urbanística española escrita por Francisco Albero […]

    […] La Planificación Urbanística Española hasta la Ley del Suelo de 1956 La Planificación urbanística española desde la Ley del suelo de 1975 hasta el final de la década de los 80 Síntesis de la Planificación urbanística española desde la Ley 8/90 hasta el inicio de la burbuja inmobiliaria […]

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